Vivir en un velero: lo que hay que saber

Twenty Eight Feet: life on a little wooden boat, de Kevin A. Fraser


DAVID WELSFORD VIVE EN EL LIZZY BELLE, un pequeño velero de madera de 28 pies de eslora que rescató del desguace hace siete años. Y pese a las estrecheces, tanto físicas como económicas, asegura que puede disfrutar de lujos como tomar un baño en el mar sin tener que salir de casa. «Para mí, lo más importante es disponer de un espacio que me haga sentir bien, y este tiene tanto carácter y tanta historia que ¿qué más puedo pedir?»

«Uno de los momentos más emocionantes que he vivido –sigue contando en este breve documental– fue cuando inicié mi viaje a Puerto Rico. No podía creer que después de dos años iba a realizar mi primera travesía en solitario al Caribe. Creo que recordaré ese momento el resto de mi vida.»

Y bien, ¿quién no ha soñado alguna vez con vivir en un velero? La historia de David Welsdorf suena catártica e increíblemente liberadora, es cierto, pero conviene no engañarse. Más allá de sus beneficios para el espíritu, la vida en el espacio limitado de un barco puede suponer un sobreesfuerzo constante no apto para todo el mundo. Dos personas distintas podrían verlo así:

Caballero nº 1: Entre las ventajas de vivir un velero señalaría la libertad, el balanceo que te acompaña durante el sueño, el contacto con la naturaleza, la posibilidad de dejar atrás la civilización en cualquier momento y los magníficos vecinos de pantalán.

Caballero nº 2: Entre las desventajas de vivir en un velero señalaría la falta de libertad, el condenado balanceo que no te deja dormir, la exposición a la naturaleza, la lejanía de la civilización y de los servicios básicos y los espantosos vecinos de pantalán.

Moraleja: cuestión de perspectiva. Como cada cual tiene juzgar por sí mismo, esta entrada no pretende convencer ni disuadir a nadie. Tan solo nos limitaremos a señalar qué hay que tener en cuenta si elegimos vivir en un velero y advertir que este estilo de vida se cobra sus peajes.

No es prudente comprar un velero con prisas

Elegir un velero

Para empezar, temos que encontrar un barco. Dar con el adecuado requiere tiempo (meses e incluso años) y paciencia. No es prudente comprar un velero con prisas y sin buena información sobre qué necesitamos y qué no.

A este respecto, recomendamos leer las entradas que enlazamos al final de este texto. En ellas abordamos con detalle aspectos fundamentales que no volveremos a tratar aquí, como los peligros de dejarse llevar por el romanticismo, el tipo de velero que más nos conviene y cuánto nos va a costar.

Qué pasa con el espacio

La falta de espacio es uno los mayores inconvenientes de vivir en un velero, también en uno grande: no hay ático, no hay sótano, no hay vestidor, no hay cuarto de la fregona.

Como ya hemos comentado en otras entradas de este blog, los costes de mantenimiento aumentan de forma exponencial a medida que subimos de eslora. Si nuestro presupuesto es limitado y tememos que un barco grande nos asfixie económicamente, pero no queremos sentirnos atrapados dentro de una caja de cerillas, habrá que buscar el equilibrio entre:

1. Comprar el barco más pequeño que cubra nuestras necesidades.

2. Comprar un barco en el cada ocupante disponga de un espacio donde instalarse con comodidad y en el que haya un lugar para cada cosa; esto es, un lugar donde asearse, una cocina relativamente cómoda, un espacio para socializar, un sitio donde tumbarse a leer, un lugar donde dormir, un rinconcito donde alojar ocasionalmente a un invitado y espacio de almacenamiento. En este último caso, nuestras pertenencias se deberían poder guardar fácilmente y bajo ninguna circunstancia amontonarlas de modo que impidan el acceso a elementos vitales, como los pasacascos.

Por decir algo concreto: para disfrutar de un mínimo de confort y no tener que compartir cama con bolsas de equipos ni andar haciendo sitio a cada paso que demos, un velero vivienda no debería alejarse mucho de los 10 metros de eslora. Es poco, pero por lo menos ya hay dónde meterse. Un ejemplo lo podemos ver en el siguiente vídeo (en inglés), en el que una pareja muestra su Plastilupi Half Cast 30, un barco de poco más de 9 metros.

Pasado el entusiasmo inicial, alguien puede descubrir que la vida a bordo no le va

Relaciones

Pero sucede que muchas veces, el espacio que necesitas no es tanto físico como psicológico.

Suena muy romántico vivir con tu pareja en un velero, pero un lugar así no ofrece escapatoria cuando lo saludable es perderse de vista un rato. No es raro que la falta de espacio provoque situaciones de tensión.

El párrafo siguiente lo hemos sacado de otra entrada de este blog. Con vuestro permiso, nos autocitamos: «Cuando vives en el pequeño espacio de un barco todo se magnifica, de modo que si nuestra relación arrastra problemas, estos pueden salirse de madre y hacerse insoportables. Por eso mismo, si vamos a vivir en un barco con nuestra pareja es importante que los dos estemos seguros de querer este tipo de vida y que nadie arrastre al otro a una aventura para la que no está hecho»; en especial, añadimos ahora, si necesitamos los ingresos de ambos para cubrir todos los gastos.

Pasado el entusiasmo inicial, alguien puede descubrir que la vida a bordo no le va. El resultado puede ser que el barco termine a la venta o haya un nuevo navegante solitario surcando los mares.

Algunas personas llenan tanto sus barcos que estos se convierten en contenedores flotantes

Vivir con lo mínimo

Imaginemos que nos dicen que tenemos 24 horas para dejar nuestra casa, empaquetar lo que nos resulta imprescindible y descartar el resto. ¿Qué nos llevaríamos? La siguiente podría ser una lista, improvisada y quizá un poco tonta, sí, de aquellas cosas que nos resultan vitales, sin importar su peso o tamaño:

  • Lavadora
  • Nevera
  • Lavavajillas
  • Cafetera
  • Televisor
  • Ordenador y material informático
  • Utensilios de cocina
  • Ropa
  • Bicicleta
  • Equipo fotográfico
  • Artículos deportivos y de viaje
  • Instrumentos musicales
  • Libros
  • Etc.

Ahora pensemos en lo que comporta no disponer de algo de todo esto. ¿Estamos dispuestos a ir periódicamente a la lavandería o lavar a mano si no tenemos sitio para una lavadora? ¿Dónde vamos a tender la ropa? ¿Cambiaríamos nuestros hábitos alimenticios por no poder cocinar como solemos? ¿Y qué pasa con nuestro aspecto personal? En un barco no hay mucho espacio para tener fondo de armario, y vamos a tener que pensar más en términos prácticos que estéticos; es decir, mucha camiseta, mucho pantalón corto y mucho calzado deportivo. Y ya en vistas al invierno, cuanta menos ropa gruesa, mejor.

Hay quien llena tanto su barco que este se convierte en un contenedor flotante. Resultado: es difícil navegar y se pierde el atractivo esencial de este estilo de vida. En este sentido, suele recomendarse que si algo nuevo entra en un barco, algo viejo tiene que salir.

muchas personas se resignan a convivir con ciertos desperfectos

Mantenimiento

A menos que podamos permitirnos que otros se ocupen del cuidado de nuestro barco, este estilo de vida no consiste solo en tumbarse en cubierta con un cóctel en la mano (aunque, por supuesto, también se beben cócteles).

Si queremos que las cosas nos salgan bien, vamos a tener que ser capaces de encontrar placer en ciertas tareas de mantenimiento sin que la suma de pequeños (¡y grandes!) problemas nos consuma. No olvidemos esto: en un barco siempre hay algo que hacer.

Asimismo, un barco no es un buen lugar donde quedarse cuando se está trabajando en su reforma. Si tenemos que hacer un agujero para pasar tuberías o cables, en un instante lo tendremos patas arriba y lleno de cosas que hemos cambiado de lugar. Y dependiendo de en qué andemos metidos, más nos conviene trabajar protegidos y desde luego no quedarnos a dormir ahí: no queremos estar inhalando polvo y fibra de vidrio. ¿Qué hacemos entonces? Pues habrá que pedirle a unos amigos que nos presten el sofá, o volver a casa de los padres por unos días, o buscarnos un hotel que esté bien… u oye, quizá mejor un hostal que sea barato, porque total…

Vale, nada de esto es terrible y también puede suceder sin vivir en un barco, pero no es de lo que se presume en Instagram.

La dificultad de solucionar algunos problemas (hay que sacar el barco del agua, buscar un sitio donde pasar unos días, etc.) hace que muchas personas se resignen a convivir con ciertos desperfectos o se limiten a ponerles un parche. Si queremos comprar un velero de ocasión que haya sido usado como vivienda, esto deberemos tenerlo muy en cuenta.

Os contamos un secreto: los barcos se mueven en un ambiente húmedo

Limpieza

Si somos maniáticos del orden y la limpieza, amantes del feng shui o fans de esos vídeos de YouTube en los que te enseñan a doblar la ropa con primor, mejor no comprarse un barco: se ensucia rápido, no hay sitio para tener las cosas bien ordenadas y atrae a todo tipo de polizones: cucarachas, moscas, mosquitos y hasta ratas.

Después, cuando estemos de viaje vamos a tener que racionar el agua aunque dispongamos de una desalinizadora, algo poco probable porque cuestan una fortuna. El racionamiento de agua afectará también a nuestra higiene personal, la guinda a nuestra relación con problemillas, ¿verdad?

Y además está el moho. Os contamos un secreto: los barcos se mueven en un ambiente húmedo. Cuando no cuentan con una ventilación adecuada, la humedad del aire cálido diurno se condensa durante la noche y el moho puede aparecer y, entre otros efectos, echar a perder nuestros libros o nuestra ropa.

Véase este vídeo de 10:20 a 12:20.

Dinero, dinero, dinero

Dejando de lado a aquellos propietarios que se dedican al chárter (legal o encubierto), para los que su barco es, además de su casa, su empresa, y disponen de embarcaciones que quizá no podrían permitirse si las quisieran para su uso particular, lo más corriente es que en ellos encontremos a solteros libres de cargas, parejas con la vida resuelta, gente acomodada…

En resumen: hace falta algo de dinero. Hay quien subestima el coste de la vida en un velero, como si este se limitara al precio del amarre, de los suministros y poco más. Sería maravilloso. Los números cuadrarían rápido: negociamos la compra de un barco de 10 metros por 16.000 €, pagamos 300 € al mes de amarre, y a correr: ¡asunto resuelto! Pues bien: no es así, por lo menos si queremos un barco en condiciones de navegar.

Para una visión menos optimista de los que nos espera, aconsejamos echar una ojeada a nuestra entrada sobre el coste de mantenimiento de un velero. Y si después nos lo sabemos montar mejor, chapeau

SEGUIR LEYENDO

  1. Comprar un velero de ocasión: ¿dónde nos estamos metiendo?
  2. Las características del velero perfecto
  3. El coste de adquirir y mantener un velero: un caso práctico

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